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Adiós

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En unas semanas más cumplo cuatro años de haber llegado a Reforma y de ser reportera. Más o menos por estas fechas, pero en 2011, tuve mi práctica en Interfase y conocí a Jonathan Hernández, el editor.

Estaba bien nerviosa, como en ninguna de mis otras prácticas del taller. Sabía que tenían vacantes y me hacía mucha ilusión quedarme.

No sé lo que Jonathan vio en mí. La nota que le entregué era una babosada: la historia detrás de los nombres las compañías más importantes de tecnología. Investigué y escribí lo mejor que pude, pero de todos modos no sé cómo esa notilla le dio alguna pista de algo. A lo mejor no vio nada, pero urgía llenar el hueco, me quedé y hubo suerte.

A partir de entonces lo adopté como una especie de mentor. Ya se habría comprado una bodega de lechitas Hershey’s (que le encantan), si me hubiera cobrado las horas atendiendo mis preguntas, apaciguando mis preocupaciones y aplacando mis frustraciones de millenial.

Desde cómo evitar que me hagan pendeja en una entrevista hasta administrar mi dinero cuando me mudé con Anuar, aprendí en su oficina.

Hoy es su último día como editor en el periódico, como periodista, de hecho.

¿Qué vamos a hacer? O sea, ¿qué voy a hacer?

No crean, ya me había amenazado muchas veces con que se largaba y es cierto que de un tiempo para acá las cosas se pusieron raras, pero eso no quita que sintiera un puñetazo en la cara cuando nos dijo que se iría.

Se va y me muero de pánico de no saber qué hacer, de no tener quién responda mis dudas, de que no haya quién me taclee la próxima vez que esté a punto de hacer una tontería, de cagarla, de no tener con quién netear en el palacio, de que ya no me responda mis mensajes (aunque jura que será al revés). Pánico, les digo.

Adiós, jefe.

Gracias por acompañarme hasta aquí, con todo y que pudiste zafarte y cerrar la puerta. Gracias por confiar en mí, exigirme y sorprenderme con lo que podía conseguir, por inspirarme y por convencerme de quedarme en el barco.

Va a ser rarísimo asomarme y no encontrar más tu cara de “YA PONTE A TRABAJAR, MORRA”.

Te va a ir bien, eso es seguro. Te prohíbo que encuentres a otra Cora.

Adiós, pues. Ya vete.

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2 thoughts on “Adiós

  1. El susodicho jefe dice:

    Lo lograste, carajo, me hiciste llorar. Tampoco te olvidaré, Corita. Vas a hacer cosas increíbles, estoy seguro, y me sentiré feliz y orgulloso de poder decir que alguna vez trabaje a tu lado (igual que como lo hago hoy)

    Y sí contéstame, ¿no?

    Le gusta a 1 persona

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