El día que convertí mi casa en un hotel

Dicen que el casado casa quiere. Y a lo mejor es porque (todavía) no estamos casados, pero apenas nos mudamos se me ocurrió ofrecer el cuarto de visitas en Airbnb.

Esperaría que en pleno 2015 ya todos aquí sepan qué es Airbnb, pero considerando que algunos de ustedes, queridos amigos de la vida real, todavía pasan sus contactos uno por uno cuando cambian de teléfono, me tomaré unos rengloncitos para explicarlo:

Airbnb es una plataforma en línea para hospedarte en casa de otras personas. Puede ser en un inmueble completo, en una de sus habitaciones o incluso compartir alcoba con tus inquilinos (siempre quise usar la palabra “alcoba”). Para que la cosa funcione, Airbnb también tiene la opción de convertirte en anfitrión y alojar a viajeros de todo el mundo.

Dicho esto, continuemos con la historia.

Convencí a Anuar para ofrecer el cuarto de visitas. ¿Cómo? Quién sabe. Fue el dinero, supongo. Porque el numerito de conocer a nuevas personas y acercarnos a culturas de todo el mundo no funcionó.

Esperamos a que pasaran las fiestas decembrinas y, ya con la casa limpia, usamos los teléfonos para retratar el mejor ángulo de ambas habitaciones, del patio, de la cocina y de las otras áreas bonitas del depa. Luego comparamos los precios de los cuartos ofrecidos en la zona y fijamos precios.

Ajá, escribí “ambas habitaciones”. Originalmente sería sólo el cuarto de visitas, pero me di cuenta de que el sofá de la sala de TV también podría funcionar. Y funcionó, fue el primer cuarto que alquilaron.

A una (¿o fueron dos?) semanas de haber publicado el anuncio: ¡Pum! Una solicitud de alojamiento. No lo pensamos mucho y aceptamos: era una mujer joven, nombre raro, artista, DJ, era de California, le hacía a la curación con energía.

¿Qué podría salir mal?

Ya sé, suena a que fue un caos. No, no lo fue. No mucho. Solamente un día, cuando dejó la estufa prendida con una olla de agua hirviendo. ¿Se imaginan? Pudo haber ocurrido un incendio, la Chufla se pudo haber quemado, me pude haber quedado sin casa. Mal.

Anuar se enojó muchísimo. Se puso como si hubiera encontrado a nuestra huésped traficando con droga y prostituyendo a niñas del sudeste asiático ahí, en nuestra casa. De hecho, al final no sé qué fue peor, si el estrés de pensar en todas las desgracias que pudieron haber ocurrido o soplarme los reclamos de Anuar.

Por lo demás, todo salió bien. No entraré en muchos detalles porque al final nos hicimos amigos, nos agregó a Facebook y podría estar leyendo esto, pero créanme cuando les digo que es muy distinta a nosotros: olía chistoso y le gustaba la sopa de médula.

¿Lo volveríamos hacer?

Sí. De hecho, hoy llegan nuestros segundos huéspedes, se quedarán en el cuarto de visitas y vamos a ver qué pasa.

¿Lo recomiendo?

Mmm no creo que sea para todos, pero si tienen un cuarto o sillón que no usan en casa, pueden lidiar con la idea de compartir su espacio con extraños, y además les interesa aquello de ganar algunos pesos extra: adelante. Quizá les dará más tranquilidad saber que hay varios controles de confianza, como las recomendaciones y calificaciones que ponen tanto huéspedes como anfitriones o el hecho de tener la opción para cargar documentos oficiales para validar tu identidad.

¿Por cuánto tiempo más lo haremos?

No tengo idea. Lo más seguro es que todo dependerá de cómo nos va con estos huéspedes. Anuar estuvo a punto de echarse para atrás con todo, a partir del incidente con la estufa. Al final accedió a darle una segunda oportunidad al asunto.

¿Qué tanto le ganas?

Mmmmh bueno, no es tan difícil calcularlo. Si entran a Airbnb e ingresan la zona en la que viven podrán ver en cuánto se cotizan las habitaciones cercanas a su rumbo. La plataforma es bastante flexible en términos de periodos de las estancias, promociones, precios, políticas de cancelación, etc. Yo no acepto más de una semana porque no creo poder lidiar con tantos días con extraños.

En fin, de todo esto concluyo que la economía colaborativa rifa. Estamos conociendo personas y aprovechando espacios vacíos de nuestra casa que, de paso, nos generan dinero a cambio de hacer prácticamente nada.

¿Dudas? ¿Comentarios? ¿Ustedes lo harían? Pasen a saludar aquí abajito.

Un ángulo de nuestro cuarto de visitas.
Una foto de esos bonitos ángulos que encontramos en el cuarto de visitas.

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8 Comments Deja un comentario

  1. Yo lo he usado, pero no sé si podría ofrecer mi casa a desconocidos… y de hecho sólo lo uso por ahorrar dinero y la ubicación, la verdad eso de que convivir con extraños en su casa no es lo mío. Buena suerte con los huespedes. Por cierto, yo tengo una duda, ¿recibes sólo extranjeros o de todo? Es que casi siempre en AirBnb como que se presta para gente no residente del mismo país, ¿no? Saludos

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